Durante los últimos meses hemos hablado mucho de Transformación Digital: de productividad, de ERP, de Business Intelligence, de Inteligencia Artificial, de automatización, de digitalización de procesos, de integración de datos y de competitividad.
También hemos insistido repetidamente en una idea que considero fundamental: la tecnología, por sí sola, no transforma a ninguna empresa. Es decir, la tecnología casi siempre forma parte de la solución, pero casi nunca es la solución.
Hoy me gustaría seguir hablando de TD pero desde una perspectiva diferente, una cuestión que, en mi opinión, explica buena parte de los logros y también de los fracasos que observamos en los proyectos de Transformación Digital de las PYMES.
La pregunta es muy sencilla: ¿Quién lidera los proyectos de Transformación Digital de tu empresa?
El mayor error es implantar la solución antes de analizar el problema.
Vivimos un momento extraordinario para la industria. Las empresas nunca habían tenido a su alcance tantas tecnologías con capacidad para mejorar la productividad, la calidad, la trazabilidad, la eficiencia energética o la toma de decisiones.
ERP, MES, Business Intelligence, IoT, automatización, inteligencia artificial, robótica colaborativa, gemelos digitales o mantenimiento predictivo forman parte, cada vez más, de las conversaciones de los equipos directivos de las PYMES industriales.
Pero esta realidad, ciertamente positiva, esconde una curiosa paradoja; cuanta más tecnología tenemos disponible, más fácil es equivocarnos. Y en la mayor parte de los casos, el motivo es tan simple como preocupante: muchas empresas siguen empezando la casa por el tejado.
Se acaba de publicar el Barómetro Industrial Cecot (de 28 de mayo de 2026).
En este informe se confirma una realidad que muchas PYMES industriales perciben ya en el día a día: la industria catalana mantiene actividad, exportaciones y capacidad de generar valor, pero está inmersa en una transformación estructural profundamente exigente.
Con poco más de 32.000 empresas industriales activas en 2025 —más de un 40% menos que hace dos décadas— el sector evoluciona hacia modelos con mayor dimensión, mayor capacidad de inversión y mayor exigencia competitiva.
Durante los últimos años, las palabras digitalización o transformación digital se han convertido en una especie de comodín. Todo el mundo habla, todo el mundo dice que ya está ahí, y pocas empresas admiten abiertamente que todavía tienen mucho camino por recorrer.
Pero la pregunta clave no es si una PYME está digitalizada, sino si lo está en serio… y sobre todo, si esto le sirve para tomar mejores decisiones.
Hablamos a menudo con propietarios y directores generales de PYMES industriales que afirman, con toda convicción, que su empresa está ya digitalizada. Tienen un ERP, utilizan Excel, utilizan algún programa de gestión comercial o de producción, incluso han incorporado herramientas en la nube.
Y, sin embargo, cuando entramos un poco más en profundidad, aparece una realidad muy distinta.
La industria catalana de 2026, más que problemas de capacidad, lo que presenta son problemas de productividad real.
Nos movemos en un contexto caracterizado por: altos costes energéticos, falta de talento industrial y tecnológico. presión salarial al alza, márgenes más estrechos y una creciente complejidad operativa.
En ese contexto, la productividad ya no es una opción estratégica, sino una cuestión de supervivencia competitiva.
Pero sistemáticamente topamos con una confusión habitual:
Digitalizar no es necesariamente ser más productivo.
Comprar tecnología no es necesariamente mejorar márgenes.
IImplantar un ERP no es necesariamente controlar mejor a la empresa.
La productividad real pasa por otra cosa.
Llevo más de 20 años al frente de una empresa de consultoría industrial. Y aunque nos dediquemos a ayudar a otras PYMES a transformarse, lo cierto es que nosotros también somos una PYME, y nos encontramos con los mismos retos, las mismas limitaciones y las mismas preguntas.
Por eso este artículo no es ninguna propuesta de servicio. Quiere ser una reflexión personal; una conversación entre empresarios que sabemos que el mundo está cambiando, que la digitalización ya no es opcional, pero también sabemos que no es un camino fácil.
En las PYMES, mantener los costes fijos bajo control no es opcional: es vital para la supervivencia y el crecimiento del negocio.
Esta realidad provoca que, en muchas empresas, haya funciones y tareas —sobre todo de tipo directivo— que quedan sin atender o se cubren de manera improvisada.
En resumen, nos encontramos con personas implicadas, trabajadoras y voluntariosas que, muy a menudo, asumen responsabilidades para las que no tienen formación suficiente, y que requieren de unos conocimientos actualizados sobre herramientas y tecnologías que el mercado ofrece hoy y sobre las que no tienen un dominio profundo ni preciso.
En muchas PYMES españolas se mide.
Se mide en Calidad, se mide en Contabilidad, se mide en Producción, se mide en Compras, …
Se construyen unas enormes hojas de Excel, se generan informes, se revisan números a final de mes… incluso se comentan en reuniones de dirección.
Y, sin embargo, demasiadas veces la sensación persiste:
“Tenemos datos, pero no tenemos claridad. Al final sabemos qué nos pasa, pero no sabemos por qué nos pasa”.
Desde mi experiencia como empresario y como consultor que ha acompañado durante años a PYMES de distintos sectores, he visto este patrón repetirse con mucha frecuencia. El problema rara vez s la falta de información.
El problema es cómo, para qué y con qué criterio se mide.